Incidente diplomático

Francisco Javier Pérez Garca

Francisco Javier Pérez García Presidente del Comité de Empresa de la Autoridad Portuaria de Alicante.

 

Hay que ver lo difícil que llega a ser eso de ser diplomático. El pasado día 22 de diciembre tuve la ocasión de expresar libremente mi opinión a través de las páginas de la prensa sobre el desafortunado discurso dado por el señor presidente de la Autoridad Portuaria con motivo de la comida navideña ofrecida a los trabajadores. Pues bien, el resultado no ha podido ser peor, parece ser que hemos roto relaciones.  

El hecho es que ese mismo día 22, a las 13.53 horas se envió desde la dirección de correo electrónico de la secretaria de Presidencia un mensaje firmado por el propio presidente a todos los trabajadores aclarando sus intenciones sobre sus propias palabras, o sea disculpándose si en algo había podido ofender a alguien, y al mismo tiempo calificando mi artículo como, y cito textualmente, «inapropiado, innecesario y oportunista». Esto empieza a indicar que sí, que puede ser que hayamos roto relaciones.  

De todos modos los incidentes diplomáticos siempre se pueden solucionar. Yo pido disculpas por aquí y tú las pides por allá. Aquí paz y allá gloria, como se suele decir coloquialmente. Y un momento idóneo para haberlo podido arreglar fue la celebración de la fiesta de los Reyes Magos; ya que este año desde hace muchos, y gracias al esfuerzo desinteresado y colectivo de los miembros del comité de empresa, de un buen número de trabajadores y empresas vinculadas al sector portuario, nuestros niños, los hijos de las y los trabajadores pudieron recibir a sus Majestades por mar, lo que se me antoja un auténtico lujo.  

La celebración se preparó con esmero e ilusión. Llevarla a cabo necesitó de la inversión de un buen número de horas de trabajo extra y dedicación. Desde hace meses este comité hizo pública las condiciones de edad a cumplir para aquellos hijos que tenían derecho a recibir un pequeño regalo de parte de sus Majestades; no se distinguió en ningún momento si los trabajadores pertenecían al conjunto de aquellos sujetos a convenio colectivo o al personal directivo; incluso, si se daba el caso, al personal de
la Fundación para
la Promoción del Puerto. Estos Reyes no entienden de clases. El caso es que todos aquellos que cumplían sus requisitos entregaron la documentación, incluido nuestro presidente, don Mario Flores, que lo hizo como un trabajador más.
 

Llegó la gran tarde de Reyes. Los payasos, los magos y la merienda fueron el preámbulo a la llegada tan esperada y ansiada por parte de los allí presentes. Algunos incluso esperábamos la llegada del señor presidente y de don Juan Ferrer, director del Puerto, como máximos representantes de la entidad. Como al final no se decidieron a aparecer, quiero aprovechar, para agradecerles la cesión de las instalaciones de
la Terminal de Cruceros para poder llevar a cabo la celebración; y cómo no, a todas las empresas y trabajadores que lo hicieron posible.
 

Una vez pasada aquella oportunidad de oro, incienso y mirra, llegamos al siguiente acto de este sainete con tintes de novela negra. Al no haberse asomado por allí, al igual que algún que otro trabajador, el día 8 de enero tuve a bien hacer entrega a la secretaria de nuestro presidente del regalo que le correspondía a su hija y que no fue entregado debido a su ausencia. El 10 de enero la secretario general de la Autoridad Portuaria de Alicante, doña Josefa Meroño Felipe se presenta en mi despacho, cargada de un paquete y diciendo textualmente -ya que conseguí me firmara un escrito con todas esas palabras- que «por encargo del presidente de la Autoridad Portuaria, procedo a la devolución del regalo entregado para su hija, ya que ni él ni su familia desean aceptar un regalo del presidente del comité, por lo que se ruega lo entreguen a otro niño». Definitivamente creo que hemos roto relaciones. Mi opinión sobre todo este asunto es bien clara y concisa, el señor presidente demuestra una falta de respeto absoluta a los trabajadores de esta Autoridad Portuaria -a los cuales represento de una forma democrática- que tanto esfuerzo y empeño pusieron en la recuperación de dicho evento. A lo mejor estas palabras según su opinión son aún más inapropiadas y oportunistas o incluso desdichadas; pero son las que usted hoy se merece. Con el desprecio por insignia y la prepotencia como bandera trata a todo aquel que no comparte su opinión: bien sea la de la instalación de una planta de biodiésel, o la de denunciar en público, con claridad, lo que fue una auténtica metedura de pata dialéctica. Pues aunque se empeñe o lo intente, no señor presidente, no hemos roto relaciones. No podemos romper relaciones porqué usted representa a un partido político (PP) que le nombra a dedo para gestionar una Administración pública, y no una empresa privada, y yo represento a los trabajadores de esa misma Administración. O lo que es lo mismo, yo le sirvo a usted en cuanto que empleado, y usted me debe servir a mí en cuanto que contribuyente. Es en este juego de espejos o espejismos donde se haya su paradoja. A lo mejor aún no se ha enterado. Pues ya son unos cuantos años.  

Diario INFORMACION 26 de enero de 2007

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